ACV

Rehabilitación post ACV a domicilio

Recuperar el movimiento también es volver a recuperar la sonrisa.

Paciente de 45 años que presenta un Accidente Cerebrovascular (ACV), ocurrido en el contexto de un período de intensa carga emocional.

Comenzamos un proceso de rehabilitación kinésica domiciliaria, dos veces por semana, con el compromiso de la paciente, su familia y el mío como profesional.

Fue un trabajo arduo y sostenido. Un proceso construido desde la confianza que su familia depositó en mí y desde la voluntad de la paciente de volver a recuperar aquellas funciones que habían quedado afectadas.

Trabajamos mediante:

  • Facilitación Neuromuscular Propioceptiva (FNP) para favorecer patrones de movimiento funcionales.
  • Descarga de peso y reeducación del apoyo plantar.
  • Control postural, transferencias y progresión hasta alcanzar la bipedestación.
  • Incorporación de tecnología de neuromodulación, como complemento del tratamiento, favoreciendo avances en el movimiento de mano, brazo y antebrazo.
  • Trabajo de motricidad fina y prensión, orientado al agarre y manipulación de objetos.
  • Entrenamiento de Actividades de la Vida Diaria (AVD): peinarse, vestirse, sostener un vaso, utilizar utensilios y llevar los alimentos a la boca.
  • Terapia miofuncional y trabajo de la deglución.

Pero detrás de cada ejercicio había mucho más.

Entrenamos con temperaturas de 37, 38 y hasta 40 grados, y también durante el invierno. Hubo días en los que trabajamos sin luz, adaptándonos a las circunstancias y sin dejar de lado el objetivo de la rehabilitación.

Y muchas veces tuvimos una compañía especial: su perro, que también formó parte de esas largas jornadas de trabajo.

Para mí, como profesional, hubo algo mucho más valioso que cualquier retribución económica.

Fue volver a escucharla hablar.
Fue verla recuperar su sonrisa.
Fue verla esperarme cada semana para hacer su rehabilitación.
Fue observar cómo, poco a poco, recuperaba movimientos que parecían tan pequeños, pero que para ella significaban muchísimo.

Porque cada avance tiene un significado.

Volver a agarrar un objeto.
Volver a llevar un vaso a la boca.
Volver a peinarse.
Volver a vestirse.
Volver a hablar.
Volver a sonreír.

Al finalizar este proceso, nos despedimos con un abrazo enorme. Un abrazo con ella y con su familia, cargado de gratitud por todo lo compartido y por la confianza que depositaron en mi trabajo.

Pero entendí algo:

Esto no es una despedida.
Es el comienzo de algo hermoso.

Porque la rehabilitación no debería ser entendida como una despedida de aquello que se perdió.

La rehabilitación es el camino para volver.

Volver al movimiento.
Volver a la autonomía.
Volver a participar.
Volver a comunicarse.
Volver a sonreír.

Y eso es, para mí, una de las partes más hermosas de ser Licenciada en Kinesiología y Fisiatría.

No acompañamos solamente cuerpos que necesitan recuperar una función.

Acompañamos personas que están intentando volver a encontrarse con su propia vida.

Los casos publicados corresponden a pacientes reales y se comparten con su consentimiento, sin datos que permitan identificarlos. Cada persona evoluciona distinto: los resultados descritos no son extrapolables a otros casos ni constituyen una promesa de resultado.